Durante décadas fue habitual instalar grandes depósitos de fibrocemento en azoteas, cuartos técnicos, patios y zonas elevadas de viviendas y edificios. Muchos siguen allí. Algunos continúan conectados a la instalación de agua y otros llevan años fuera de servicio, pero permanecen en el inmueble porque nadie ha decidido qué hacer con ellos.
El problema aparece cuando descubrimos que aquel antiguo depósito puede contener amianto. A partir de ese momento surgen preguntas muy concretas: ¿se puede seguir utilizando?, ¿es peligroso beber el agua?, ¿se puede limpiar?, ¿qué ocurre si la tapa se ha roto?, ¿conviene revestirlo?, ¿hay que retirarlo?
En Tecoal nos encontramos con este tipo de situaciones y consideramos importante separar dos cuestiones que suelen mezclarse. Una es el efecto del material sobre el agua almacenada. Otra muy diferente es el riesgo de liberar fibras cuando el fibrocemento envejece, se rompe, se perfora o se manipula.
¿Por qué todavía existen depósitos de fibrocemento con amianto?
El fibrocemento fue utilizado durante años para fabricar elementos destinados a la construcción y las instalaciones de los edificios. El INSST incluye expresamente los depósitos de agua entre los materiales con amianto que pueden encontrarse en viviendas.
Su durabilidad explica que sigamos encontrándolos décadas después de su instalación. En muchos casos han sobrevivido incluso a reformas del resto del inmueble.
Cómo eran estos depósitos y dónde se instalaban
La función habitual era disponer de una reserva de agua para una vivienda, una comunidad o una instalación determinada. Se fabricaban en diferentes capacidades y podían encontrarse en terrazas, cubiertas, patios interiores, cuartos técnicos o espacios próximos a las redes de abastecimiento del edificio.
El fibrocemento proporcionaba una estructura rígida y resistente, adecuada para fabricar piezas de gran tamaño. Cuando estos elementos pertenecen a construcciones antiguas, es frecuente que se utilice coloquialmente el término depósito de uralita para referirse a ellos.
En edificios que han pasado por distintas reformas podemos encontrarnos con depósitos desconectados que permanecen en su emplazamiento original. El hecho de que ya no almacenen agua no elimina el problema que puede aparecer cuando llega el momento de desmontarlos, moverlos o eliminarlos.
También existen instalaciones todavía operativas. En estos casos debemos valorar por separado el estado físico del recipiente y el uso que se está dando al agua.
¿Todos los depósitos de uralita contienen amianto?
La antigüedad ofrece una primera referencia, pero no permite confirmar por sí misma la composición. En España, la utilización, producción y comercialización de fibras de amianto y de productos que las contienen quedó prohibida mediante la Orden de 7 de diciembre de 2001, cuya entrada en vigor se produjo el 14 de junio de 2002. Los productos ya instalados antes de ese momento podían permanecer en servicio hasta su eliminación o el final de su vida útil.
Por ese motivo, un antiguo depósito de fibrocemento instalado antes de esa fecha puede contener amianto. La edad, el aspecto y la documentación disponible sirven para valorar la probabilidad, pero una inspección visual no permite confirmar siempre su composición.
¿Qué riesgos presenta un depósito de agua con amianto?
La presencia del material obliga a prestar especial atención al estado de conservación y a cualquier operación que vaya a realizarse sobre él. Un depósito completo y sin manipular no plantea la misma situación que otro agrietado, roto o sometido a trabajos de mantenimiento.
Aquí es donde cobra especial importancia la experiencia de una empresa acostumbrada a trabajar con fibrocemento.
El mayor riesgo aparece al manipular el fibrocemento
Las fibras de amianto pueden liberarse cuando el material se deteriora o se somete a determinadas operaciones. La normativa española sobre trabajos con amianto incluye expresamente las tareas de retirada, mantenimiento y reparación cuando exista riesgo de desprendimiento de fibras.
En un depósito esto puede ocurrir al perforarlo para colocar una conexión nueva, cortar una pared para facilitar su extracción, lijar la superficie, utilizar herramientas abrasivas o romperlo en piezas para poder sacarlo por una puerta estrecha.
Este último caso merece especial atención. Muchos depósitos fueron instalados durante la construcción del edificio y posteriormente quedaron encerrados en espacios cuyo acceso actual es menor que las dimensiones del recipiente. Intentar resolver el problema partiéndolo sin medidas adecuadas puede generar una exposición innecesaria.
También debemos evitar golpes durante el desplazamiento. Un depósito aparentemente resistente puede haberse vuelto más frágil después de décadas de servicio.
¿Qué ocurre cuando el depósito está fisurado, roto o muy deteriorado?
Las grietas, pérdidas de material, desconchados y roturas indican que el elemento ya no conserva las mismas condiciones que tenía cuando fue instalado. El deterioro adquiere especial relevancia si necesitamos acercarnos regularmente al depósito para inspeccionarlo, limpiarlo o reparar las conexiones.
En estas situaciones aconsejamos valorar su sustitución en lugar de acumular intervenciones parciales. Cuantas más operaciones realizamos sobre una pieza envejecida, más posibilidades existen de provocar roturas o alterar su superficie.
Un recipiente fuera de servicio tampoco debería convertirse en un objeto que se va desplazando de una zona a otra. Si contiene amianto, moverlo, arrastrarlo o almacenarlo sin planificación puede deteriorarlo.
Cuando detectamos una fisura o una rotura, nuestra recomendación es no intentar sellarla utilizando taladros, lijas o herramientas de corte. Primero debe evaluarse el estado real del depósito y determinar la actuación más adecuada.
¿Qué hacer si todavía tienes un depósito de uralita en uso?
Encontrar uno de estos elementos no implica que debamos improvisar una intervención inmediata. Sí conviene comprobar su estado, evitar manipulaciones y estudiar qué solución resulta adecuada si sigue formando parte de la instalación.
Hay ciertas actuaciones domésticas aparentemente sencillas que pueden transformar un elemento estable en una fuente de fibras.
Evitar limpiezas, perforaciones y reparaciones por cuenta propia
Algunos métodos de limpieza habituales resultan poco apropiados para un material que puede contener amianto. No deberíamos utilizar cepillos abrasivos, lijadoras, herramientas de alta presión u otros procedimientos capaces de erosionar la superficie. Tampoco conviene perforar el recipiente para instalar nuevas tomas, rebosaderos o sistemas de vaciado.
Si existen depósitos calcáreos o suciedad adherida, no recomendamos raspar el fibrocemento hasta dejarlo limpio. Cualquier actuación debe valorar antes la composición y el estado de la pieza.
La precaución es todavía mayor cuando existen daños previos. Frotar una superficie degradada puede desprender partículas que después terminan en el entorno donde trabaja la persona.
¿Qué hacer si la tapa del depósito está rota o falta?
Cambiar únicamente la tapa puede parecer una operación sencilla, pero primero debemos comprobar dónde se apoya y si es necesario perforar o modificar el recipiente.
Una tapa deteriorada también puede permitir la entrada de polvo, animales, insectos u otros contaminantes. Desde el punto de vista de la calidad del agua, mantener adecuadamente protegido el almacenamiento es importante con independencia de que el depósito contenga amianto.
Si la sustitución de la tapa puede realizarse sin alterar la estructura de fibrocemento, la situación será diferente a aquella en la que hay que cortar, taladrar o reconstruir el borde.
Cuando tanto la tapa como las paredes presentan un deterioro acusado, invertir en reparaciones sucesivas pierde sentido. En ese escenario resulta razonable estudiar la sustitución completa del sistema.
Cuándo plantear la sustitución del depósito
La edad avanzada, las fisuras, las reparaciones acumuladas, las pérdidas de agua y la necesidad de intervenir frecuentemente son señales que justifican una valoración profesional.
Otro escenario habitual aparece durante una reforma. Si estamos renovando instalaciones, cubierta o zonas comunes y existe un depósito antiguo de fibrocemento, puede resultar más eficiente integrar su retirada en la planificación de la obra que conservar un elemento que probablemente exigirá otra intervención en el futuro.
La OMS recomienda que los materiales de fibrocemento en sistemas de agua que fallen o se deterioren significativamente sean sustituidos por materiales que no contengan amianto.
También debemos considerar si el depósito sigue siendo necesario. Algunas instalaciones antiguas mantienen recipientes desconectados que ya no cumplen ninguna función. En esos casos, conservarlos simplemente porque siempre han estado ahí puede acabar trasladando el problema a una futura reforma.
¿Se puede reparar, revestir o impermeabilizar un depósito de fibrocemento?
Cuando aparece una pequeña fuga o deterioro superficial es comprensible plantearse si resulta más sencillo aplicar algún revestimiento interior que sustituir todo el recipiente.
La respuesta depende del estado del material, del uso del agua y del procedimiento necesario para preparar la superficie. No podemos valorar una solución únicamente por el producto que se pretende aplicar.
Una reparación doméstica puede generar un problema mayor
Muchos sistemas de impermeabilización requieren limpiar intensamente, lijar, abrir grietas, preparar soportes o generar superficies de adherencia. Esas operaciones pueden ser incompatibles con una intervención segura sobre fibrocemento con amianto.
También debemos considerar qué producto entrará después en contacto con el agua. Si el depósito se utiliza para agua de consumo, los materiales empleados deben ser adecuados para ese uso y cumplir las exigencias sanitarias aplicables. El Real Decreto 3/2023 establece requisitos específicos para los materiales que están en contacto con agua destinada al consumo humano.
Por ese motivo, aplicar una resina, una pintura o un mortero cualquiera en el interior no constituye una solución que debamos recomendar sin una evaluación previa.
En Tecoal, como empresa de desamiantado, preferimos valorar primero si realmente merece la pena intervenir sobre un recipiente antiguo o si la sustitución resuelve el problema de una manera más duradera.
Sustituir el depósito frente a prolongar su vida útil
- Mantener un elemento existente puede tener sentido cuando se encuentra en buenas condiciones y existe una solución técnicamente adecuada. El planteamiento cambia cuando hablamos de un depósito con décadas de antigüedad que ya muestra daños.
- Una sustitución permite eliminar un material con amianto del edificio y utilizar un nuevo sistema concebido para las necesidades actuales. Si va a almacenar agua potable, el nuevo depósito deberá ser apto para ese uso y emplear materiales compatibles con la normativa sanitaria.
También evitamos futuras intervenciones sobre el fibrocemento. Una reparación que obliga a volver periódicamente sobre la misma pieza puede acabar resultando menos práctica que una retirada planificada. No planteamos esta decisión de forma automática. Revisamos la ubicación, el acceso, el estado del elemento y las características de la instalación antes de recomendar una actuación.
Cómo se retira un depósito de agua de uralita
Un recipiente presenta particularidades que no aparecen en una cubierta. Su volumen, peso, emplazamiento y accesos condicionan considerablemente la intervención. La prioridad consiste en poder desmontarlo y desplazarlo reduciendo al máximo las posibilidades de rotura.
Preparación y vaciado antes de intervenir
Antes de manipular la pieza hay que desconectarla de la instalación y eliminar el agua que pueda permanecer en su interior mediante un procedimiento compatible con las condiciones de la obra.
Después debemos estudiar cómo se accederá al recipiente. No es lo mismo trabajar en una terraza abierta que hacerlo dentro de un cuarto reducido, un ático o una zona a la que solo se llega mediante una escalera estrecha.
También comprobamos las dimensiones de los pasos disponibles. Este dato resulta fundamental porque condiciona la posibilidad de retirar el depósito íntegro. La planificación previa evita llegar al momento del desmontaje y descubrir que la única salida aparente consiste en romper la pieza.
Desmontaje sin romper el depósito
Siempre que las características del elemento y del emplazamiento lo permitan, intentamos mantener el material íntegro durante su manipulación. Reducir roturas significa reducir las posibilidades de liberación de fibras.
Los medios de movimiento deben adaptarse al peso, las dimensiones y la ubicación. En determinados edificios puede ser necesario utilizar sistemas de elevación o medios auxiliares específicos para sacar el depósito sin arrastrarlo ni golpearlo.
No debe aplicarse la solución aparentemente más rápida de cortarlo en trozos con herramientas eléctricas. La normativa preventiva española regula las intervenciones en las que existe riesgo de exposición a fibras y exige medidas específicas para los trabajos con materiales que contienen amianto.
El método adecuado se determina después de inspeccionar el emplazamiento. Dos depósitos de la misma capacidad pueden requerir procedimientos completamente distintos si uno está en una terraza accesible y el otro encerrado en un cuarto interior.
¿Qué ocurre con el depósito una vez retirado?
Tras el desmontaje, el elemento pasa a gestionarse como un residuo que contiene amianto. Debe acondicionarse y mantenerse controlado para evitar que pueda liberar fibras durante las fases posteriores.
Lo importante para el propietario es entender que no puede tratarse como un depósito de plástico, metal o escombro convencional. Dejarlo junto a otros residuos de construcción, abandonarlo en la parcela o trasladarlo sin las condiciones correspondientes no es una solución adecuada.
Cuánto cuesta retirar un depósito de uralita
A diferencia de la sustitución de cubiertas con amianto, donde suele hablarse de metros cuadrados, un depósito es una pieza concreta y establecer una tarifa únicamente a partir de su capacidad puede ofrecer una estimación poco realista.
Factores que determinan el precio
El coste depende en gran medida del trabajo necesario para sacar el elemento de su ubicación. Un depósito situado a nivel de suelo con acceso directo presenta unas condiciones muy diferentes a otro instalado en la cubierta de un edificio. Entre los factores que debemos estudiar se encuentran:
- Dimensiones y peso del depósito. Una pieza de gran capacidad puede requerir varios trabajadores o medios mecánicos para moverla sin deteriorarla.
- Estado de conservación. Las fisuras, roturas o superficies degradadas pueden exigir mayores precauciones durante la manipulación.
- Accesibilidad. Escaleras estrechas, azoteas, patios interiores o cuartos técnicos pueden condicionar los medios necesarios.
- Posibilidad de extraerlo íntegro. Las dimensiones de puertas, huecos y recorridos determinan cómo puede salir el recipiente.
- Medios auxiliares necesarios. En determinadas ubicaciones pueden ser necesarios equipos de elevación o protecciones específicas.
- Cantidad de depósitos. Una instalación con varios recipientes permite organizar la intervención de forma distinta a la retirada de una única pieza.
Por eso preferimos valorar el caso real antes de fijar un presupuesto.
¿Por qué la capacidad en litros no determina por sí sola el coste?
Dos depósitos de 1.000 litros pueden generar trabajos completamente diferentes. Uno puede encontrarse vacío y accesible en una terraza de planta baja; otro puede estar situado en una azotea sin acceso directo para vehículos y dentro de un recinto construido alrededor de él.
La segunda situación requiere estudiar cómo desplazar la pieza, qué medios auxiliares serán necesarios y cómo evitar daños durante la extracción.
El número de litros resulta útil para hacernos una idea de las dimensiones, pero no sustituye la inspección del entorno. Para preparar una valoración fiable solemos necesitar fotografías, medidas, información sobre el acceso y, en determinadas situaciones, una visita al inmueble.
En Tecoal retiramos depósitos de agua con amianto
Cuando intervenimos sobre uno de estos elementos buscamos resolver un problema muy concreto: retirar del inmueble un depósito antiguo evitando que una operación aparentemente sencilla genere una exposición innecesaria. Nuestro objetivo es que el propietario conozca previamente cómo se va a desarrollar el trabajo y qué condicionantes presenta su depósito concreto.
Si tienes un antiguo depósito de agua de uralita, podemos valorar su estado, dimensiones y accesibilidad para determinar cómo retirarlo de forma segura. En Tecoal adaptamos la intervención a cada inmueble porque, en este tipo de trabajos, el tamaño del depósito importa, pero la ubicación y la forma de extraerlo suelen ser los factores que realmente determinan cómo debemos actuar.









